En Pompeya, no había ocurrido nunca nada semejante, en latín ni siquiera existe la palabra volcán. No sabían entonces lo que ocurría y mucha gente se quedaba mirando en vez de huir.
En cuestión de minutos, tras la erupción, la columna de roca y gas sobrecalentada alcanza 15km de altura. El viento, en vez de llevar la nube hacia el mar empuja a esta hacia Pompeya, privándola de la luz solar y convirtiéndola en una pesadilla real. Expulsada hacia la atmósfera la roca hirviendo se mezcla con el aire, se enfría, se solidifica y empieza a caer.
Más frio pero aun lleno de aire, el magma empieza a formar piedras pómez; más tarde empiezan a caer piedras de mayor peso y tamaño, que caen a 200 km/h. Miles de persona se echan a las calles y huyen.
Más espesa por la mayor densidad de las piedras, parte de la columna cayó como cascada en forma de una ola. Cenizas y rocas fundida sobrecalentada salía del volcán en una enorme avalancha ardiente (flujo piroclástico) esta nube de gas y ceniza incinera todo lo que encuentra a su paso pues es 5 veces más caliente que el agua hirviendo.
Al caer la ardiente nube sobre los cuerpos, los tejidos suaves se evaporaron. Al detenerse la erupción, las víctimas estaban enterradas bajo una capa de ceniza de 25 m.
Todo esto ha quedado sepultado durante años hasta que las excavaciones realizadas mostraron esta realidad tan sorprendente.




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